
Llega el verano y todos dejamos de ir al gimnasio. Quizás demasiado calor o pocas ganas o in poco de todo junto.
El caso es que noto algo común en casi todos los centros pequeños y medianos, la reducción de las horas de clase de forma drástica, eso claramente desanima a los clientes que se borran julio y agosto para regresar en septiembre. Una luz que se apaga y habrá que recuperar en septiembre o octubre como nuevo cliente.
Pensando y hablando con otros colegas una buena alternativa al cierre de horas son las clases express de 30 minutos repartidas a lo largo del día y donde más afluencia de clientes hay. También puede ser una opción poner las clases en las horas de menos casos, final del día o por la mañana temprano.
Aunque hay que sopesar la idea de cerrar clases y perder clientes.
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